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3/8/10

La romana - Alberto Moravia



Alberto Moravia (Roma, 1907 - 1990)
La romana (1947)


Me puse a pensar otra vez en el mar y me vino un gran deseo de morir ahogada. Pensé que sufriría un momento sólo, y luego mi cuerpo exánime bogaría mucho tiempo, de ola en ola, bajo el cielo. Las aves marinas me picarían los ojos, el sol me abrasaría el pecho y el vientre, los peces me roerían la espalda. Por último, me hundiría, llevada de cabeza hacia cualquier corriente azul y fría que me haría viajar en el fondo del mar durante meses y años, entre las rocas submarinas, los peces y las algas, y mucha, mucha agua límpida y salada pasaría sobre mi frente, sobre mi pecho, sobre mi vientre, sobre mis piernas, llevando lentísimamente mi carne, puliéndome y sutilizándome cada vez más. Y al final, un oleaje cualquiera, en un día cualquiera, me echaría con fragor sobre una playa cualquiera, reducida ya a unos pocos huesos blancos y frágiles. Me agradaba la idea de ser arrastrada al fondo del mar por los cabellos, me agradaba la idea de ser reducida un día a unos pocos huesos ya sin forma humana, entre los guijarros pulidos de un arenal. Y ojalá que alguien, sin advertirlo, caminara sobre mis huesos reduciéndolos a polvo blanco. En estos pensamientos voluptuosos y tristes me dormí por fin.

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13/2/09

La romana - Alberto Moravia


La romana (1947)
Alberto Moravia (Roma 1907 - 1990)

"En seguida, un lejano rumor de la ciudad, o bien el crujido de un mueble en mi cuarto me daban una sensación absurda y casi delirante de mi presencia. Me decía: "Yo estoy aquí y podría estar en cualquier parte... y podría estar mil años antes, o después... y podría ser negra o vieja o rubia o chica..." Pensaba que había salido de una oscuridad sin fin y que pronto volvería a otra oscuridad igualmente ilimitada, y que mi breve paso habría estado marcado tan sólo por actos absurdos y casuales. Comprendía entonces que mi angustía no era debida a las cosas que hacía, sino más profundamente, al mero hecho de vivir, que no era ni malo ni bueno, sino sólo doloroso e insensato."

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Alberto Moravia en La romana es quien escribe este fragmento de angustia "por el mero hecho de vivir", en palabras de su protagonista Adriana. A lo largo de la novela, como en tantas otras de esta época existencialista, podemos deducir una sociedad que padece de indiferencia con todos y con todo, incluso con la propia existancia. Es impactante que quien llegue a estas deducciones sea una joven inocente y optimista que se ve arrojada a la prostitución, un paso que sin duda es trágico, pero enmarcado en el sentido de la vida, no es más que algo absurdo y casual para Adriana. ¿Cuántas personas llegan a estas reflexiones, que por parecer obvias no son menos importantes? ¿Y cuántas serían capaces de hacerlas en tal situación? Moravia nos ofrece una novela para aprender, una novela vitalista y una Adriana a la que jamás olvidaréis...